Lola Mangas

54 años | 44 kg bajados

En catorce años me eché encima de manera lenta pero continuada 40 kg.
Verme y sentirme impotente ante el continuo aumento de peso y ver mis movimientos más limitados cada vez, me arrastró hacia una insatisfacción vital y ahí en ese espacio solitario de aislamiento cree ese vínculo cada vez más estrecho con la comida, estaba en el círculo vicioso algo que ya no podía manejar y que desconocía me disparaba y dejaba de ser consciente y de registrar lo que comía, ni donde, ni cuándo… ni cuánto.

 

 

 

 

 

 

 

 

 


De repente, todo se vino a bajo a los pocos minutos cuando pasé a la consulta de la nutricionista. ¡Cómo iba a conseguir perder 60 kilos cuando era incapaz de quitarme 10 y mantener ese peso más de un mes! ¡Era completamente imposible que consiguiera tanto!

Ese mismo día, un paciente que había perdido casi 40 kilos por aquel entonces me dijo que a él le había pasado lo mismo su primer día y ahora no se creía que estuviera cerca de su peso ideal. Esa conversación fue el clavo al que me aferré durante semanas, las que tardé en comprender que aquello que pensé que era una utopía no tenía por qué serlo, y que con mi esfuerzo y mis ganas de conseguirlo iba a alcanzar la meta que me puso la nutricionista.


La comida en exceso era ese bastón donde me apoyaba al principio por alguna circunstancia de mi vida que no podía superar y con el hábito y el paso del tiempo pasó a ser el mástil que sostenía todo lo que no podía cambiar de mi vida, incluida a mí, y todo lo que tenía que celebrar, porque a través de la comida, por un lado me daba algo de gratificación momentánea (celebraciones, agasajar amigos con comidas, relacionarme afectivamente con hacer comidas familiares más elaboradas y copiosas ), y a la vez consolidaba cada vez más mi círculo vicioso de resignación, de limitación y toxicidad emocional por no saber salir de ahí, por no tener medida, por no decirme no a mí misma.

Recuerdo mi primera consulta con el psicólogo, lo primero que me dijo; “¿sabes que esta es la última dieta que haces, no?”
Oí lo que me decía atentamente, pero hasta mucho después no “escuché internamente” lo que esto significaba…y lo que él me quería decir.
Nadie o pocos lo dicen, pero estas capas de grasa nos protegen tanto que nos aíslan de lo genuino de nosotros mismos, nuestra mente más sana, y poco a poco sucumbimos a esa desvalorización, ahí, nada ni nadie nos la puede hacer ver si nosotros no nos abrimos a descubrirnos.
Esto ha pasado mucho en todo el proceso; veo y escucho aquello que puedo o quiero en ese momento, no hay exigencia por parte de la clínica, hay acompañamiento, hay respeto, hay información y formación, pero cada uno tenemos nuestros tiempos, nuestras formas y comprensión de nuestro camino.


Transformar ha sido mi herramienta, algo que no era mío, que era externo: toda la información, los diferentes enfoques y claves, desde donde nos los hacían llegar nutricionistas, médicos, psicólogos, entrenador físico, implicarme en ellos mediante la práctica.
Trasformar el saber que irónicamente viene de sabor… saborear…
Hacer mío ese saber ha sido la práctica y ha sido mi desafío, ha creado mi puente y cruzarlo ha sido la decisión de querer tener una dirección… suceda lo que suceda en lo más interno de mí he cambiado la “autocompasión” por” la decisión” desde lo más físico de imagen y autoestima hasta el más iniciático cambio profundo de estructura y creencias que me limitaba, comenzó con ese primer paso: pedir ayuda.
No es una dieta más. La dieta forma parte de un programa y de una desprogramación en los tres niveles: físico, mental y emocional. …en un área que estaba restringida a mi conciencia: “el vínculo inconsciente con la comida” y del que yo misma voy siendo consciente.
Confiada, de la mano en el dejarme ayudar acepté coger el testigo de mi adicción y comencé este nuevo reto. En la medida que la dieta calmaba mi compulsión, me permitía salir más y más de ese círculo vicioso.
El sostenimiento del grupo ha sido vital, nuevos compañeros de camino de los grupos terapéuticos donde he aprendido a expresar lo que me pasa con la comida, sus compensaciones, nuevos aprendizajes, escuchar de verdad : el otro tiene algo suyo importante que compartir…la humildad de caer y levantarme (mi hijo tubo una enfermedad grave), y vi mi compensación del miedo con el dulce, todo ese aprendizaje (incluyendo nuestro sistema neuronal y sus respuestas a tanta cantidad de estímulos que recibimos actualmente inconscientemente) hacía crecer mi deseo de comprender-me, mi voluntad y mi implicación conmigo misma me abrían nuevos espacios internos.
Mis primeros 20 kg. adelgazados y me siento tranquila, empiezo a empoderarme y me atreví hacer un tramo de Camino de Santiago 110 km!!
Algo inimaginable sólo dos meses y medio antes, la dieta me ayuda a estar más lúcida y serena y esto me permite poner orden, priorizar.

Sin darme cuenta la alimentación, mi relación con ella, fue tomando esta nueva estructura con el corte, la medida y la distancia, método creado por el Dr. Máximo Ravenna, después porque esas cinco veces al día que me pongo delante de la comida, es un instante que me trae al presente ofreciéndome la oportunidad de observar y de entrenar la atención y poder decidir conscientemente, desde este nuevo aprendizaje… (Incluyendo pedir apoyo) siempre, los 365 días hay algún grupo y profesional capacitado en un momento de dificultad.
Con otra actitud me ponía en contacto con “como estoy…qué me pasa” en mi cotidianidad.
Este proceso de adelgazar 44 kg, en 7 meses y los 6 meses que llevo en mi peso trabajando el mantenimiento sano, para mí ha sido y es, un viaje de descubrimientos, de darme espacio y afecto soltando lo que había llenado de kilos e integrando todo lo que me faltaba y que no sabía que me faltaba .
La ayuda y una estructura nueva que se despliega más y más en la medida que cada uno necesite.

Sin darme cuenta la alimentación, mi relación con ella, fue tomando esta nueva estructura con el corte, la medida y la distancia, método creado por el Dr. Máximo Ravenna.